Las acciones en Estados Unidos cerraron con pérdidas el jueves, en una jornada dominada por la escalada del conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos. El S&P 500 retrocedió, presionado por las caídas del sector de semiconductores y por el repunte del petróleo a máximos de casi dos años, mientras los inversionistas reducían exposición a activos de riesgo.
Fue un día de golpes en varios frentes. Uno vino desde el corazón de la inteligencia artificial, después de que surgiera la posibilidad de que Washington exija permisos para exportar semiconductores avanzados. En un mercado que ha apostado fuerte por la narrativa de la IA, cualquier señal de nuevas restricciones regulatorias pesa.
Pero el petróleo sigue siendo el verdadero catalizador del nerviosismo. El WTI superó los US$81 por barril y el Brent avanzó por encima de US$85, impulsados por el temor a interrupciones en el Golfo Pérsico. Recuerden que cerca de una quinta parte del suministro mundial de crudo pasa por el estrecho de Ormuz, lo que convierte cualquier escalada militar en un factor directo para los precios de la energía.
El conflicto también amenaza con reconfigurar el mapa de riesgos para los mercados emergentes. El alza del crudo abre una brecha entre exportadores e importadores de energía. Al mismo tiempo, la combinación de petróleo caro, dólar fuerte y mayor aversión al riesgo tiende a reducir los flujos hacia estos mercados y a ampliar los diferenciales de deuda soberana.
El verdadero riesgo macroeconómico, sin embargo, depende de la duración. Un análisis del Instituto de Finanzas Internacionales advierte que la variable clave será cuánto tiempo puedan verse interrumpidos los flujos energéticos en el estrecho de Ormuz.
Si esa vía permanece como el epicentro del riesgo energético, Wall Street podría redescubrir dos viejas verdades del mercado: el peso del tiempo y el del petróleo.
Fuente: Bloomberg en línea














