La severa tormenta que azotó a Mendoza, con más de 360 incidencias registradas entre calles anegadas, árboles caídos y cortes de energía, volvió a exponer un punto crítico que los trabajadores de la salud vienen denunciando desde hace años: la fragilidad estructural del sistema sanitario provincial y, en particular, de sus hospitales de referencia.
Mientras los equipos de emergencia intentaban responder a la demanda generada por el temporal, puertas adentro de los hospitales la situación fue aún más delicada. Filtraciones, sectores inutilizables, fallas eléctricas y suspensión de prácticas médicas dejaron en evidencia que el sistema no está preparado para enfrentar contingencias climáticas que, lejos de ser excepcionales, se repiten con mayor frecuencia.
“El sistema sanitario está destruido”
Roberto Macho, referente sindical del sector, fue categórico al analizar lo ocurrido. “Hay que tener presente que el sistema sanitario está destruido, no solo en infraestructura. Cualquier catástrofe, por mínima que sea, deja a Mendoza expuesta”, afirmó. Recordó que la provincia supo ser uno de los polos sanitarios más importantes del oeste argentino, una condición que —según sostuvo— se perdió tras las gestiones encabezadas por Alfredo Cornejo y sus ministros de Salud.
Macho apuntó tanto a la falta de mantenimiento edilicio como a la pérdida de recursos humanos: “No reemplazaron a los trabajadores de mantenimiento, se privatizaron tareas clave y hoy lo que vemos en los videos es el resultado. Se perdieron insumos, aparatología y se puso en riesgo la atención”. También denunció negociados en licitaciones y advirtió que “no se priorizaron las necesidades sanitarias reales de la población”.
Quirófanos cerrados y cirugías suspendidas
Desde ATE, Adriana Iranzo, secretaria adjunta del gremio, reforzó ese diagnóstico. “Hemos hecho miles de denuncias por las falencias en el servicio a la comunidad. Falta personal, hay una fuga constante de profesionales por salarios paupérrimos y malas condiciones laborales”, señaló.
Iranzo subrayó que el impacto del temporal no solo fue material, sino directamente asistencial: “Las grandes operaciones tuvieron que suspenderse porque no estaban dadas las condiciones en los quirófanos. Esto es gravísimo”. Según explicó, las obras anunciadas por el Gobierno provincial se limitan a “parches” que no resuelven los problemas de fondo, mientras la calidad de atención a la población se deteriora.
Emergencias climáticas y decisiones políticas
Ambos dirigentes coincidieron en que lo ocurrido durante la tormenta no es un hecho aislado, sino la consecuencia de años de desinversión y de un modelo de gestión que priorizó la tercerización por sobre el fortalecimiento del sistema público. “Esto es un fracaso político”, sostuvo Macho, quien reclamó una decisión de fondo del Ejecutivo provincial para priorizar infraestructura, salarios y calidad sanitaria.
Iranzo fue aún más dura: “No dar prioridad a la salud es condenar a la población. Salud, educación, transporte y vivienda son las bases de cualquier sociedad que quiera crecer. Hoy Mendoza va en sentido contrario”.
La tormenta pasó, pero dejó algo más que calles inundadas. Volvió a poner en primer plano una discusión estructural: qué tan preparado está el sistema sanitario mendocino para proteger la vida de su población cuando la emergencia golpea.











