Mendoza D

El último Turno de la Sombra

Microrelato escrito por Facundo Terraza, columnista y escritor, autor de la obra "Lagrimas del Pecado"

Facundo Terraza (38) es un escritor, columnista y autor de la obra «Lagrimas del Pecado», que obtuvo el prestigioso premio a Mejor Novela de Ficción y Terror Psicológico en el Centro Cultural Palabras Convocantes de Mendoza.

La incertidumbre es una forma de fe. He pasado las últimas horas midiendo el peso de lo que considero la decisión más correcta, aunque el silencio de Dios sea la única respuesta que obtengo. Necesito pensar un poco más, pero el sentido de las cosas se deshace como sal en el agua. Sé que estás del otro lado; lo sé con una certeza que me quema. Solo es cuestión de reunir el coraje necesario, de cerrar los ojos y dar ese gran salto hacia lo invisible.

A veces me detengo a reconstruir el mapa de tu ausencia. Puedo recordar el sabor de nuestro último beso, el calor de la pasión que compartimos, la forma exacta en que tu sonrisa iluminaba los rincones más oscuros de la casa. Pero el tiempo es un arquitecto cruel y a veces dudo si esos recuerdos son reales o si mi cerebro, en su desesperación por no estar solo, ha inventado una mitología para mantenerme en pie. Sin embargo, lo siento tan tangible, tan vibrante, que elijo creer. Si me equivoco en este paso, al menos no tendré que cargar con el peso del error, porque ya no habrá un "yo" para lamentarlo. La incertidumbre es un abismo, pero prefiero lanzarme a ella que permanecer en esta orilla donde ya no queda nada.

¿Y si le acierto? ¿Y si realmente estás sentada a la orilla de aquel lago, bajo la sombra del árbol, sobre nuestra manta roja? Te imagino ahí, esperando, tal vez un poco aburrida entre la oscuridad del más allá, caminando con tu vestido de mariposas multicolor mientras buscas mi silueta en el horizonte de ese lugar extraño. Te voy a ir a buscar porque la posibilidad de que estés ahí es más real que la silla donde estoy sentado. Mañana por la mañana tomaré la gran decisión; por ahora, solo buscaré el descanso en esta pequeña pastilla, dejando que el sueño sea el ensayo general de lo que vendrá.

El pensamiento es un laberinto donde el eco siempre tiene tu propia voz

No pude dormir. La mente es un motor que se alimenta de fantasmas. Pasé la noche
imaginando ese reencuentro: los seres queridos que se han ido, el paisaje que debe ser hermoso por el simple hecho de alojarte a vos. Quizás el lago sea el mismo donde nos conocimos, el escenario perfecto para que mi valentía sea recompensada. Me jugaré todo en esta partida; total, la vida ya está jugada por jugada. Como creyente, me consuela pensar que Dios desea este encuentro tanto como yo. Ya llegó el momento, mi amor. Esperame con unos mates, que voy a buscarte para ser felices en ese lugar
que no comprendo, pero al que elijo entregarme.

Llego el final

El final fue un trazo de luz que se filtró por la rendija de la ventana, apuntando directamente a su cara. El tono morado de su piel contrastaba con la claridad de la mañana que ya no le pertenecía. Sus ojos estaban cerrados, sumergidos en una oscuridad que no reveló si el lago, la manta roja o el vestido de mariposas eran el destino final o simplemente el último refugio de su imaginación.

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